ANAXIMANDRO

Discípulo de Tales, nació alrededor del 611 a.C. en Mileto .Señaló como primer principio el ápeiron, esto es, lo infinito, lo ilimitado (Kirk, 1987: 153-154). Las investigaciones de este filósofo se dirigían al fundamento de las cosas eternas, pero en el trasfondo de la misma habita la semilla de la ética: «A partir de donde hay generación para las cosas, hacia allí se produce también la destrucción, según la necesidad; en efecto, ‹pagan la culpa unas a otras y la reparación de la injusticia, según el ordenamiento de los tiempos› (dk 12 a 9 y 12 b 1). En este fragmento destacan la necesidad y la injusticia, elementos que siempre están presentes en el pensamiento griego; la necesidad como nota distintiva de la naturaleza invariable, del cosmos que sigue su rumbo inexorable. La necesidad que es lo que caracteriza al objeto de la ciencia y la filosofía, es decir, a lo que no puede ser de otra manera. Y, según la necesidad de este eterno círculo de la physis, las cosas, al morir, vuelven al punto de partida, como si la naturaleza fuera un círculo en el que no se puede distinguir el principio del fin, como más tarde dirá Heráclito (dk 22 b 103). Y esa necesidad mueve también al hombre, así como la sucesión de contrarios, cuyo exceso e injusticia no se olvida, no se diluye, no se aleja con el tiempo, sino que se termina pagando tarde o temprano, de alguna u otra forma, pues como advierte Hesíodo, «muchas veces hasta toda una ciudad carga con la culpa de un malvado» (1985: vv. 240-245). Para Anaximandro hay un orden universal que articula el todo, un orden del que nadie escapa, un orden que, sin duda, regula el mundo de los hombres a través del tribunal del tiempo.

Sobre la relación de la díke hesiódica y solónica con la de Anaximandro y la aportación de su pensamiento al mundo heleno, Jaeger, en su obra Paideia, entre otras cosas, comenta lo siguiente: «El fragmento de Anaximandro nos permite obtener una visión profunda del desarrollo del problema de la causalidad a partir del problema de la teodicea. Su díke es el principio del proceso de proyección de la pólis al universo» (1974: 160).

El pensamiento de este filósofo, inventor y político también es un eslabón con el pasado (Hesíodo) y con el futuro (Solón). La díke cósmica de Anaximandro debió ejercer alguna influencia sobre la prudencia aristotélica, ya que esa legalidad universal significa que el tiempo nos da la vida y nos la quita, como el viejo dios Cronos dio vida a sus hijos para engullirlos después. El tiempo es la clave de la vida humana y su sentido es lo más preciado de la tarea filosófica, desde que Anaximandro convirtió a Cronos en rey del devenir del universo.

Aquí está la idea tan propia de la sabiduría popular griega del tiempo como riqueza humana: el tiempo es oro. Es lo valioso que el hombre posee y debe aprender a invertirlo en lo más provechoso para su vida y la de sus conciudadanos. Por eso, en ese primer fragmento escrito de la filosofía se halla la idea de aprovechar la ocasión, de dedicar el tiempo a lo mejor, a una vida inteligente y a un uso prudente del tiempo. Una idea que Aristóteles elevó a categoría ética en su concepto de prudencia. 

 

*Artículo tomado de mi libro: La Phrónesis en la Política. Orígenes del concepto aristotélico de prudencia.

Bibliografía:

  • A.A V.V. (1996) Sofistas. Testimonios y fragmentos. Introducción, traducción y notas: Antonio Melero Bellido. Madrid: Gredos.
  • A.A V.V. (2008) Los filósofos presocráticos. Tomos i (introducción, traducción y notas: Conrado Eggers Lan y Victoria Juliá) y iii (introducción, traducción y notas: Armando Poratti, Conrado Eggers Lan, María Isabel Santa Cruz de Prunes y Néstor Luis Cordero). Madrid: Gredos.
  • Hesíodo (1983) Obras y fragmentos. Introducción, traducción y notas por Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Diez. Madrid: Gredos.
  • Jaeger, Werner (1974) Paideia: los ideales de la cultura griega. México:: fce.
  • Kirk, Geoffrey; John Raven, Malcom Schofield y Jesús García Fernández(1987) Los filósofos presocráticos: historia crítica con selección de textos. Madrid: Gredos.