JENÓFANES

Jenófanes fue una extraordinaria personalidad que conservó la energía y lucidez hasta sus últimos años. Se dice que nació en Colofón alrededor del 570 de la era antigua y representa el nuevo espíritu que extiende y expande las perspectivas ideológicas de la filosofía jónica por el mundo heleno (Llanos, 1989: 117).

Es importante citar aquí a Martha C. Nussbaum, quien ilustra bien la influencia que ejerció Jenófanes en la ética griega:

Conviene también tener presente que, en el siglo V y principios del IV, los poetas eran considerados los maestros de ética más importantes. Por una parte, algunos de los personajes a quienes denominamos grandes filósofos y que figuran en las historias de la filosofía fueron poetas: Jenófanes, Parménides y Empédocles constituyen los ejemplos más sobresalientes; en particular, el primero y el último son figuras de gran relieve en la historia de la ética griega (1995: 180).

Nussbaum nos da la pauta para incorporar a Jenófanes a este estudio que tiene como fin buscar antecedentes del pensamiento ético de Aristóteles en el mundo heleno. En este aspecto, queremos citar unos versos satíricos que recogen el sentir del poeta en relación con la ética y el buen orden de la ciudad.

Si con la rapidez de los pies alguien alcanzara la victoria,
sea en el pentatlón, donde está el templo de Zeus
junto a las corrientes del Pisa en Olimpia, sea en la lucha,
sea en el doloroso pugilato
o bien en la terrible competencia que llaman pancracio,
sería más glorioso entre sus conciudadanos
y disfrutaría de un lugar de privilegio en las reuniones
y sería alimentado por el erario público...
sin merecerlo como yo. Pues más valiosa que la fuerza
de varones o de caballos es nuestra sabiduría...
Y no es justo que se prefiera la fuerza a la verdadera sabiduría,
pues aunque entre el pueblo hubiera un buen púgil
o quien prevaleciera en el pentatlón o en la lucha
o en la velocidad de los pies...
no por eso el Estado contaría con un mejor orden (dk 21 b 2).
 

La fuerza y el vigor de los atletas fue siempre entre los griegos algo valioso, por ser necesario un gran esfuerzo y una rigurosa disciplina para conseguirlos. Pero Jenófanes proclama en sus versos cantados ante el pueblo griego durante muchos años, que muy por encima de esa fuerza está la inteligencia para ordenar la vida pública, la vida de la pólis. La prudencia del gobernante es más importante que la rapidez del atleta o la fuerza del discóbolo. La vida ordenada y prudente es el fruto de la filosofía, de la proclamación de la palabra que acaba con el mito y trae a los griegos la mejor forma de organizar su vida.

Ahora queremos traer algunas palabras de Jenófanes que nos permiten regresar e incrustarnos en su tiempo: «en primer lugar conviene que varones prudentes canten himnos de dios, con mitos piadosos y puros. Después de haber ofrecido liberaciones y orado para poder hacer las cosas justas —pues esto es lo que más se acostumbra» (dk 21 b 1).

También aquí los mitos son las primeras palabras de los hombres prudentes, pero el fin de toda palabra es la acción justa. Y ese es el fin de la filosofía, de la nueva vida que proclama Jenófanes.

Jenófanes pone el dedo en la llaga al descalificar a los héroes de las póleis, héroes que sustituyen y llenan el vacio que dejaron Aquiles y Ulises. En tiempos de paz la masa necesita puntos de referencia, hombres que pasen por encima de las otras ciudades elevando así la gloria de su ciudad. Jenófanes se burla y cuestiona la utilidad de esos rituales. La crítica del nacido en Colofón invierte la escala de valores y propone la sabiduría como sustituta de ese anhelo de gloria. Jenófanes propone un cambio de valores, una nueva areté.

Del mismo modo señala la inutilidad que dichas prácticas tienen para el Estado, pues como indica, el triunfo de los atletas no contribuye a la buena convivencia de los hombres, ni en el enriquecimiento de la ciudad. De esa forma Jenófanes aconseja prudentemente a la ciudad.

En la misma tesitura, Jaeger explica:

Es la fuerza del espíritu, que crea en el estado el derecho y la ley, el orden justo y el bienestar… Con este estadio alcanza su término la evolución del concepto de la areté: valor, prudencia y  justicia; y finalmente sabiduría… En la elegía de Jenófanes aparece por primera vez como una exigencia la nueva «virtud de espíritu», que habrá de jugar un papel tan importantes en la ética filosófica (1974: 171).

La siguiente cita de Jenófanes resulta de utilidad: «pues los dioses no revelaron desde un comienzo todas las cosas a los mortales, sino que éstos buscando, con el tiempo descubren lo mejor» (dk 21 b 18). Estas palabras emanan del manantial de la prudencia y fluyen por los ríos que hidratan al pueblo griego. Hay que recordar que el destino del hombre lo ha forzado a buscarse la vida, pues como sabemos, Zeus lo privó de la llanura de Mecone y le mandó a Pandora, por eso, se tiene que buscar la vida y debe encontrar lo mejor para él y los suyos. Esa incesante búsqueda engendró en el hombre el pensamiento prudencial, que le recuerda constantemente que sólo es un hombre y que la búsqueda del conocimiento es interminable, infinita. En el mismo fragmento sobresale el tiempo que es un valor indispensable para acceder al conocimiento, para saber elegir lo mejor para el hombre.

Para terminar, rescatamos una reflexión de Christian Schäfer sobre la actitud de Jenófanes frente al conocimiento y su aportación al pensamiento heleno:

El poeta-filósofo Jenófanes, con estos antecedentes, no se detiene resignadamente en el hecho de la incapacidad humana de conocer, como lo hacían los poetas de su tiempo; sino que, según el modo «milesio» de pensar, trata de determinar metódicamente cuáles son las causas y mecanismos de la lamentable restricción de nuestro conocimiento, y cuáles podrían ser las vías para superarla (1999: 98-99).

Jenófanes fue el primer filósofo griego consciente de su tarea. Distinguió por primera vez el viejo mundo del mito —con su modelo de hombre heroico, violento y buscador de la fama y la gloria— del nuevo del lógos, de la palabra, de la filosofía que invita a invertir el escaso tiempo de la vida a buscar la excelencia, el mejor orden de la pólis, la justicia y la acción prudente. Es el primer filósofo que contrapone el orden del cosmos a la ética de la acción política, que debe estar presidida por la elección de un orden diferente: el orden de la pólis, que no puede construirse sino con la justicia y la prudencia.

 

*Artículo tomado de mi libro: La Phrónesis en la Política. Orígenes del concepto aristotélico de prudencia.

Bibliografía:

  • Jaeger (1974) Paideia: los ideales de la cultura griega. México:: fce.
  • Llanos, Alfredo (1989) Los presocráticos y sus fragmentos. Buenos Aires: Editorial Rescate.
  • Nussbaum, Martha C. (1995) La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y filosofía griega. Madrid: Editorial Visor.
  • Schäfer, Christian (1999) «Los orígenes del pensamiento escéptico antiguo. El ‹pesimismo gnoseológico› de los presocráticos y su influencia en la filosofía antigua». En Revista de filosofía, núm. 22, vol. XI. 3° época. Madrid: Universidad Complutense.