LOS PRESOCRÁTICOS

La sabiduría intrépida es lo más valioso de todo.
Demócrito

 

La semilla de la prudencia fue sembrada por los primeros griegos en la piel de Gea. Los poetas la ensalzaron y los sabios la utilizaron para el progreso y orden de la pólis. Los presocráticos la analizaron, la estudiaron y la desentrañaron. El estudio de los presocráticos resulta obligatorio para encontrar los orígenes del concepto aristotélico de prudencia, pues estos hombres son «punto de referencia para valorar los avances que la disciplina ha realizado desde aquellos adelantados del pensamiento helénico, los esforzados jonios plantearon sus problemas con coherencia de hombres teóricos y prácticos» (Llanos, 1989: 5).

Los presocráticos no eran sólo científicos naturalistas, como algunos suelen catalogarlos. Sería arriesgado sostener esa afirmación, pues estos hombres trataron de esclarecer el todo empíricamente y, dentro del todo, no sólo está el cosmos, el fuego o el agua, también está el hombre como individuo y en sociedad, cosa que estos hombres teóricos y prácticos no podían ignorar.

Sobre la búsqueda de los presocráticos y el marco de acción de su lógica intelectual, Alfredo Llanos informa que «Buscan explicar la physis en el sentido de una naturaleza viva y cambiante que se produce a sí misma junto con los fenómenos del nacer y el perecer que le son concomitantes en el plano de la existencia social y económica» (idem).

Los presocráticos al igual que los siete sabios y posteriormente Platón y Aristóteles, navegan en el oleaje del mundo que no cesa, y como éstos, responden al contexto social en un momento específico del universo heleno, pues «la especulación de los primeros filósofos griegos sigue a un desgarramiento producido en el seno de la sociedad tribal» (idem). Por lo anterior, resulta imposible desprender a estos filósofos de su pueblo, porque responden a él, porque representan un momento, un instante, un enorme e importantísimo instante en la historia de este pueblo que amó el conocimiento.

Los presocráticos representan una estación de la eterna ruta del saber y los siete sabios, un momento anterior, un referente obligatorio para estos hombres, por eso Alfredo Llanos, al comentar la influencia de los siete sobre los presocráticos, señala que son «los llamados siete sabios —célula larval tal vez de este movimiento—» (p. 13). Por eso, resulta vital analizar a los presocráticos, ya que unos responden a los otros y todos a la semilla de la prudencia sembrada por los primeros hombres en complicidad con Prometeo.

Sobre el vínculo de ambos momentos y el compromiso de estos hombres con su entorno, Jaeger nos comenta:

Debemos admitir como sumamente probable lo que en el caso de los Siete Sabios estamos aún en situación de probar directamente, a saber: que las noticias que hacen de los antiguos filósofos legisladores, políticos y hombres prácticos no entraron en la corriente de la tradición sino por obra de Dicearco. De esta clase son los informes sobre Anaximandro, Parménides, Zenón, Meliso y principalmente sobre Empédocles, que subrayan la activa participación de estos hombres en la vida política (1984: 505).

El pensamiento presocrático se desarrolla en la antigua Grecia entre los siglos VII y V a.C., en ese tiempo y en ese lugar germinó la semilla. Se dice que se inició en la costa jonia heredera del conocimiento egipcio y babilónico; en ese escenario bañado por la influencia de China e India detonó el pensamiento filosófico griego. Hay un hombre que une a sabios y presocráticos, Tales de Mileto. Este hombre tan afamado entre los siete y señalado por Aristóteles como el primer filósofo, ejemplifica ese momento y ese proceso del que surgen los llamados presocráticos; estos científicos teóricos y prácticos también eran griegos, también respiraban y transpiraban la cultura helena, y también vivían y formaban parte de la pólis.

Sobre el poder que ejercía la pólis en la Grecia que habitaron los presocráticos, Antonio Alegre Gorri refiere:

La pólis implica libertad y contrastación de ideas; el lógos de la pólis patentiza la unidad de la diversidad, de la oposición de clases sociales; la pólis es el ser consensuado, donde anida el no ser como alteridad; las póleis de la Hélade adquieren su ser por reacción y lucha contra las diferencias con los bárbaros, en las guerras médicas (1997: 51).

Por eso, no se puede excluir de este estudio a los presocráticos, estas mentes sagaces deben formar parte de la búsqueda, porque conocían y comprendían los problemas de su pueblo, porque nacieron y vivieron en él, porque eran parte de la pólis y «la pólis escribe un derecho que publica; el ágora, centro de la pólis, el lugar de la concentración libre y de la expresión de la diferencia; en la pólis florece la palabra persuasiva, convincente, aguda, inteligente» (idem).

Los presocráticos tenían un especial amor por la naturaleza, por buscar explicaciones que no estaban y que debían de estar por algún lugar de aquella inmensidad, pero irremediablemente respondían a su mitología racional, a la influencia social, a la política de la pólis y, por lo tanto, al germen de la prudencia. Alegre Gorri nos describe la universalidad de temas en los cuales se embarcaron estos hombres en su insaciable necesidad de saber:

Los presocráticos trataron de lo que hoy en día llamamos ciencia, especialmente de cosmología y de astronomía; pero también de otras cuestiones: de política (por ejemplo, Heráclito), religión (por ejemplo, los pitagóricos, Jenófanes, Heráclito), de metodología (por ejemplo, Parménides), de la estructura de la realidad (Demócrito), de ética (por ejemplo, Heráclito, Demócrito y otros), del origen del hombre (por ejemplo, los pitagóricos y Anaximandro, desde perspectivas bien diferentes); etcétera; es decir, de todo el universo de la realidad (p. 46).

Los presocráticos, bien asentados en su cultura y movidos por otros vientos, comenzaron el andar de la filosofía en Grecia, no del pensamiento heleno, sino de la filosofía griega. Tales de Mileto une esos dos tiempos y esos dos momentos. Es oportuno citar las palabras del profesor García Castillo para establecer el vínculo entre este sabio y científico, presocrático y primer filosofo con los demás personajes que aquí trataremos:

Por eso fueron Tales y Anaximandro los dos primeros filósofos europeos, porque iniciaron la reflexión sobre el misterio del tiempo y de la vida humana, sin abstracciones, sino atentos a lo que necesitaban los hombres con los que convivían y cuyas preocupaciones compartían. Tales y Anaximandro miraron al cielo, aprendieron el curso regular de los astros, para hacer más feliz la vida de sus conciudadanos (2006: 17).

Como vemos, el de Mileto une a sabios y presocráticos, políticos y astrónomos, legisladores y naturalistas, tiranos y matemáticos, Tales es el hombre que encarna estos dos momentos y, además, es un jonio. Un hombre que busca el principio y el origen de la naturaleza para comprender su curso, para interpretar el cielo, cuyas estrellas habían de guiar a sus conciudadanos de noche en sus viajes a Oriente, donde vendían sus telas, sólo con una finalidad: vivir mejor. 

*Artículo tomado de mi libro: La Phrónesis en la Política. Orígenes del concepto aristotélico de prudencia.
*Para los que quieran saber más de Tales de Mileto, también escribí un artículo sobre su pensamiento: http://www.rafaelvalenzuela.mx/content/tales-de-mileto-y-la-phronesis-griega

 

Bibliografía

  • Alegre Gorri, Antonio (1997) «Los filósofos presocráticos». En Carlos García Gual, coordinador. Historia de la Filosofía antigua. Madrid: Editorial Trota.
  • Garcia Castillo (2006) «Las vidas de los filósofos griegos: una búsqueda gozosa de la felicidad». En Anales del Seminario de Historia de la Filosofía,  23.
  • Jaeger, Werner (1984) Aristóteles bases para la historia del desarrollo intelectual. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Llanos, Alfredo (1989) Los presocráticos y sus fragmentos. Buenos Aires: Editorial Rescate.