PRÓDICO

Pródico nació en Ceo alrededor del 470-460. Célebre en Atenas por sus enseñanzas, maestro en redacción de discursos utilizando la sinonimia como técnica, que influyó en el método socrático, aunque éste se burlara de él. Reinterpretó el mito de Heracles (entre los latinos, Hércules) haciendo aparecer la virtud como el medio idóneo para obtener la verdadera ventaja y la verdadera utilidad. Su interpretación de los dioses era peculiar, pues según él, los dioses son la encarnación de lo útil y de lo ventajoso (Reale, 2001: 81).

Sobre el pensamiento de Pródico, Ricardo López (1997) dice:

Se afirma comúnmente que los sofistas no estaban interesados en el conocimiento, sino en los asuntos prácticos. Esto no es así, perfectamente puede sostenerse que se interesaron en ambas cosas. Desde luego una dicotomía insalvable entre conocimiento y acción es completamente incompatible. Atender a los requerimientos de la vida práctica no está necesariamente en conflicto con la búsqueda del conocimiento. Pródico es bastante asertivo cuando define al sofista como un «ser intermedio entre el filósofo y el político».

Se dice que en su obra Las horas se encontraba el ensayo «Heracles en la encrucijada», en el cual narra cómo el Vicio y la Virtud se disputan el asentimiento de un joven héroe sobre cuál es la mejor forma de vivir y ganarse el respeto y la admiración del mundo griego. Así se dirige la Virtud al hermoso hijo de Zeus:

Si pretendes la estima de los amigos tienes que beneficiarlos; si anhelas el honor de la ciudad debes ayudarla; si estás dispuesto a ganar la admiración de toda la Hélade por tu excelencia tendrás que esforzarte por hacer el bien» (Llanos, 1989: 342).

En estas hermosas palabras habita el espíritu imperante, el consejo prudente, la lección ética. Pródico pone en la boca de la Virtud el valor de la amistad, el compromiso con la ciudad y el anhelo de gloria que impulsaba a los griegos en todas sus hazañas. Según la Virtud, la excelencia se conquista con esfuerzo, constancia y la práctica del bien, y el bien en la Hélade es ser útil a la pólis.

Al respecto comenta Ricardo López (1997):

De esta forma la educación de Heracles bajo los auspicios de la virtud, está vuelta hacia la relación social y los problemas de la pólis. La virtud no sólo ofrece beneficios personales, también involucra al ciudadano de la familia, la seguridad en el trabajo, la protección de los débiles, y las cuestiones de la política en la paz y la guerra. Es con toda propiedad el terreno de la ética.

Pródico nos recuerda que no sólo el hombre común debe ejercer la prudencia para ser alguien, para ganarse el respeto, para alcanzar la gloria. Heracles, hijo del olímpico, también necesita beneficiar a sus amigos, ayudar a la ciudad y hacer el bien, para que su gloria sea llevada de pueblo en pueblo, para que su nombre no desparezca con su carne. El mensaje está empapado de prudencia, de esa prudencia que educó al pueblo a través de los mitos, las sentencias, la filosofía, los discursos y la literatura griega. El mensaje es claro: Heracles no sólo fue grande por su descomunal fortaleza, sino también, por hacer el bien a su pueblo.

La Virtud así aconseja al Heracles: «si quieres que tu cuerpo sea fuerte debes acostumbrarlo a ser el servidor de tu mente y adiestrarlo en el trabajo y la fatiga». Sobre lo cual Bruno Snell comenta:

desde que en la metáfora del conflicto interior el thymós se convierte en enemigo del saber, va asumiendo cada vez más la función de lo que más exactamente se llamará después epithymia, la pasión: una tendencia irresistible a ir por el mal camino. La fatiga que exige la ascensión hacia el bien siguió llamándose pónos tanto en Hesíodo como en Pródico (2007: 418).

El cuerpo está al servicio de la mente que, como el cuerpo, se ejercita, se adiestra, se educa. Las palabras de Pródico enseñan que Heracles, el mortal que liberó a Prometeo y realizó penosas hazañas, fue un hombre templado y prudente; por eso, se ganó un lugar entre los dioses, por eso se elevó al Olimpo. Heracles fue un personaje prudente y no sólo un héroe fortachón. Pródico reinterpreta el mito de Heracles para marcar otro momento de la historia, para ensalzar otra areté, el sofista invita al pueblo a buscar la gloria en otros campos, en otras batallas, donde el poder de la prudencia alcanza la victoria.

Y, sobre todo, Pródico convierte a Heracles en símbolo de la fortaleza interior, de la voluntad decidida de elegir el bien, tras una recta deliberación. Heracles será después el patrón de los cínicos, de los filósofos helenistas que consideraban el esfuerzo y el trabajo como el camino más seguro para alcanzar la excelencia. Y es que, desde los antiguos griegos, lo bello, lo digno de aprecio, exigió siempre el esfuerzo por su conquista. Lo bello es difícil. Pero la verdadera belleza se halla en el alma esforzada, en el esfuerzo por la virtud, renunciando al placer fácil que ofrece el vicio. Y aquí se halla sin duda uno de los antecedentes más próximos a la recta deliberación de Aristóteles y a su ética del saber prudencial que se aleja de los extremos atractivos y busca el penoso término medio que es el establecimiento de un límite interior.

 

*Artículo tomado de mi libro: La Phrónesis en la Política. Orígenes del concepto aristotélico de prudencia.

Bibliografía:

  • Llanos, Alfredo (1989) Los presocráticos y sus fragmentos. Buenos Aires: Editorial Rescate.
  • López Pérez, Ricardo (1997) «Los sofistas y el consensualismo. Elementos para discutir sobre el problema de la fundamentación de la ética». En Revista Electrónica de Epistemología de Ciencias Sociales, 1. [en línea, http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=304407].
  • Reale, Giovanni (2001) Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo i, Antigüedad y Edad Media. Barcelona: Editorial Herder.
  • Snell, Bruno (2007) El descubrimiento del espíritu: estudio sobre la génesis del pensamiento. Barcelona: Acantilado.