PITÁGORAS

Es la figura más enigmática de la filosofía griega. Al parecer nació al comienzo del siglo VI a.C. en Samos, floreciente isla del Mediterráneo oriental. Después partió al sur de Italia, donde fundó una escuela que pronto se convirtió en la fuerza política dominante e inspiró un poderoso movimiento en el que se mezcló lo científico, lo místico y lo político (Llanos, 1989: 107 y ss).

Se atribuye a Pitágoras la teoría que hace del número el principio del todo, doctrina que no tiene nada que ver con la ciencia natural matemática en el sentido actual, sino que adquiere una significación más amplia. La diversidad de los números representa la esencia cualitativa de las cosas completamente heterogéneas. También se le atribuye la conexión de la música con las matemáticas. De esa unión nacieron las ideas pedagógicas más fecundas y de mayor influencia entre los griegos. La nueva concepción de la estructura de la música que se alimenta de la doctrina pitagórica del número trae como consecuencia el conocimiento de la esencia de la armonía y del ritmo. La armonía expresa la relación de las partes con el todo, y en ella se halla implícito el concepto matemático de proporción (Jaeger, 1974: 161 y ss.). Sobre la contribución de Pitágoras en el ideal griego de la armonía, la medida y la proporción, Jaeger apunta:

Es incalculable la influencia de la idea de armonía en todos los aspectos de la vida griega de los tiempos posteriores. Abraza la arquitectura, la poesía y la retórica, la religión y la ética. En todas partes aparece la conciencia de que existe en la acción práctica del hombre una norma de lo proporcionado […], que, como la del derecho, no puede ser trasgredida con impunidad. Sólo si alcanzamos a comprender el dominio de este concepto en todos los aspectos del pensamiento griego… llegaremos a una representación adecuada de la fuerza normativa del descubrimiento de la armonía. Los conceptos de ritmo, medida y relación se hallan en íntima conexión con él (p. 165).

Esta aportación de Pitágoras basta para señalarlo como un autor que ejerció una influencia directa en el pensamiento aristotélico y en su teoría prudencial, que como ya sabemos por anteriores artículos de este blog consiste en la armonía de un conjunto de cualidades que se articulan en el phrónimos para afrontar la contingencia del tiempo y del azar. Del mismo modo, el conocimiento y dominio de la medida es inseparable del hombre prudente.

En este sentido, podemos citar un fragmento que forma parte del primero de cuatro discursos que —según algunos tratadistas— pronunció Pitágoras en Crotona. Estas palabras tuvieron como escenario una escuela, poco después de su llegada a la ciudad: «Y declaró que, en el trato mutuo, obrarían más afortunadamente si jamás se erigían en enemigos de sus amigos, y si se hacían lo más rápidamente posible amigos de sus enemigos» (a.a. v.v., 2008: i 170). Es imposible tener la certeza de que estas palabras fueron dirigidas por Pitágoras, que trasmiten «el ámbito pitagórico, regido por la moderación, la prudencia y el orden» (Bernabé, 2004: 112). Además, este consejo de Pitágoras está en sintonía con una de las sentencias de Solón y otra del prudente Cleóbulo de Lindos donde afirma «hay que hacer beneficios al amigo para que sea más amigo, y al enemigo, para que se haga amigo. Porque hay que evitar el reproche de los amigos y la asechanza de los enemigos» (Diógenes Laercio, 2007: i, 91). Pitágoras parece estar en sintonía con Cleóbulo y el pensamiento griego en sintonía con ambos.

También se atribuye al pitagorismo el principio que dicta que «el número y la armonía se compone de lo recto, que tiene una sóla dirección, y de lo curvo, que cambia de dirección en cada punto» (Centro de Estudios…, 1986: 1037). Esta máxima tiene los elementos pitagóricos que elevan el número, las matemáticas y la geometría a un nivel que está más allá del signo y la forma, engranándolos con valores éticos y sociales. Por eso creemos que esa afirmación encaja y tiene similitud con la afirmación que Aristóteles recupera en la Ética a Nicómaco: «Los buenos son de una sola manera, de muchas los malos» (1985: ii, 6, 1106b).

Pero, especialmente destacable es la teoría de la armonía aplicada a distintos ámbitos de la vida humana. La armonía de los cuatro elementos o humores, constituye la salud, como recogerá la medicina hipocrática y el pitagórico Empédocles. La armonía del alma, su moderación, constituye la excelencia ética. Y ésta es la gran herencia pitagórica que, a través de la ética socrática y de la interpretación platónica, culminará en el saber prudencial de Aristóteles. Por tanto, Pitágoras no sólo fue decisivo en el ámbito de las matemáticas y de la concepción dualista del hombre, sino que en su escuela se inició la concepción armónica de la virtud y la exigencia de una vida ética para liberar al hombre de la rueda de las reencarnaciones, el fin de la filosofía itálica, que culminará en Platón.

 

*Artículo tomado de mi libro: La Phrónesis en la Política. Orígenes del concepto aristotélico de prudencia.

Bibliografía:

  • VV.AA (2008) Los filósofos presocráticos. Tomos i (introducción, traducción y notas: Conrado Eggers Lan y Victoria Juliá) y iii (introducción, traducción y notas: Armando Poratti, Conrado Eggers Lan, María Isabel Santa Cruz de Prunes y Néstor Luis Cordero). Madrid: Gredos.
  • Aristóteles (1985) Ética a Nicómaco. Traducción de J. Pallí Bonet. Madrid: Gredos.
  • Bernabé, Alberto (2004) Textos órficos y filosofía presocrática. Materiales para la comparación.Madrid: Editorial Trota.
  • Centro de Estudios Filosóficos de Gallarate, editores (1986) Diccionario de filósofos. Traducción del italiano por José Luis Albizu, Manuel García Aparisi y Gonzalo Haya. Madrid, Editorial Rioduero.
  • Diógenes Laercio (2007) Vida de los hombres ilustres. Traducción, introducción y notas por Carlos Garcia Gual. Madrid: Alianza editorial.
  • Jaeger, Werner (1974) Paideia: los ideales de la cultura griega. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Llanos, Alfredo (1989) Los presocráticos y sus fragmentos. Buenos Aires: Editorial Rescate.